El esfuerzo de Hernández merece un Óscar


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Fecha: 24-07-2020


El esfuerzo de Hernández merece un Óscar
En Nuevo Horizonte se ve con viejos conocidos cuando va de visita, a compartir con la gente que una vez lo vio iniciar el sueño que ahora es su realidad. Mucho tuvo que ver su papá cuando hablamos sobre quién le inculcó amor por la pelota, porque ser disciplinado y rendidor en la cancha, son características que lo identifican. De Catia para el mundo, comenzó a brillar cuando se dio cuenta de sus condiciones naturales para jugar fútbol. Nunca imaginó hacer algo diferente.

Dio sus primeros pasos en la escuela del Galicia, cuando Carlos María Ravel le pidió que pasara más tiempo entrenando en las divisiones inferiores de aquel club. El lugar de trabajo era Las Mercedes, en una cancha de tierra, a la cual su abuelo lo llevaba con alegría partiendo de casa con el reloj puesto en las 4:10 a.m., debido a todo el trayecto que debían realizar. Ese fue el inicio de un esfuerzo importante.


Ahí, fue desarrollándose como atleta, hasta que Real Esppor (hoy Deportivo La Guaira) le abrió las puertas en el equipo Sub-17. Siendo parte de esa institución, conoció a Francesco Stifano, con quien ganó dos campeonatos Sub-20. Llegó incluso a debutar como profesional en Primera División, aunque no tuvo la continuidad que hubiera querido. ¿Qué pasó entonces? Conversó con la directiva.

“Pedí que me enviaran a préstamo a otro equipo y fue entonces cuando se dio la posibilidad de ir a Zulia F.C. Con los años entendí que me costó asentarme en Caracas por el trajín que representa vivir en la capital y todo lo que eso implica. Irme a Maracaibo fue un paso importante, aunque el comienzo de mi etapa en Zulia fue bastante particular”, detalló. ¿Las razones? Carlos García, entonces técnico del cuadro marabino, no sabía que desde suelo capitalino le habían mandado una nueva pieza, así que poco lo tuvo en cuenta los primeros días.

“Cuando llegué me dieron ropa de juvenil y no me conocían. Recuerdo que fui junto con mi compañero Argenis González, un miércoles por la noche para presentarme al día siguiente. Entrenábamos aparte, hasta que empezó el campeonato y al equipo no le estaba yendo tan bien como queríamos. De a poco, me fui ganando la confianza del cuerpo técnico y después tuve mi primer partido en Acarigua, donde jugué como volante por izquierda. La verdad, desde que era un niño no había asumido esa posición, pero era lo que la situación pedía, así que no solamente pude hacer el trabajo,sino también marcar el gol del triunfo”, recordó.

Su siguiente timonel fue Carlos Horacio Moreno, con quien está eternamente agradecido debido a todas las enseñanzas adquiridas. Llegó el momento de dejar atrás a la tierra del sol amado, para poner rumbo al punto de partida inicial: Caracas. Ya era un profesional con otro roce y estaba listo para volver al Deportivo La Guaira, ahora con Leo González como director técnico y una Copa Sudamericana por jugar.

“Me encontré con un equipo muy bien armado y que me motivaba mucho a dar lo mejor para ganarme el puesto debido a la calidad de compañeros que ahí estaban. Pasamos de fase en el torneo internacional e hicimos las cosas bien en el campeonato, pero luego surgió una posibilidad irrechazable”, dijo. 

¿Cuál? Ir a la linda Barinas, uniformándose con la franela del Zamora Fútbol Club. Stifano, que había tomado las riendas del elenco llanero, lo llamó y Óscar ni dudó. Comenzó entonces una época de muchos éxitos: campeón absoluto en 2016, finalista de la Copa Venezuela 2017, monarca del 2018 y primer lugar en la Copa Venezuela 2019. Se dice fácil, pero tuvo que sudar demasiado para lograr tanto.  

La consecución de grandes éxitos como zamorano, fue proporcional a un movimiento clave en su carrera: pasar a ser miembro de la Agencia Secasports. En 2018 ambos caminos se unieron. “Fue en Barinas donde firmamos luego de una excelente conversación con Sebastián Cano. Siempre mantengo contacto con los miembros de la agencia, hablamos con mucha frecuencia”, dijo. 

¿Cómo se da lo de ir al exterior? Por tercera vez, se reencontró con un tipo que mucho lo conoce: Stifano, ahora entrenador de Águilas Doradas en Colombia. ¿Fue fácil salir? “Para nada, ahí la Agencia tuvo que hacer un gran trabajo con Zamora para permitirme ir al exterior. Era algo que quería desde hace tiempo y cuando la oportunidad se presentó, hubo que trabajar demasiado para que me prestaran. Haberlo logrado ha sido una satisfacción muy grande para todos”, agregó el volante.

Jugar en la máxima categoría del balompié colombiano ha supuesto el reto más grande en lo que va de carrera para el jugador de 27 años, aunque tuviera que comenzar su transitar por suelo cafetero haciendo las veces de zaguero central. Una vez más, hubo que sacrificarse pensando en la necesidad que tuvo su equipo.

“Donde me necesiten, estaré. No fue tan difícil adaptarme a este nuevo reto porque me trajeron personas que conozco bien”, explicó. además, en el club comparte con dos compatriotas: Frank Feltscher y Anthony Uribe, este último compañero en sus andanzas por territorio barinés. En los últimos cinco juegos accionó en zona media, clave en el lugar de equilibrio al momento de aguantar y repartir juego.

Su meta más importante del presente: que se lleve a cabo la opción de compra por parte de la institución colombiana, pues la cesión caduca en diciembre. Por ahora ya regresó a los entrenamientos junto con el resto de sus compañeros de las Águilas Doradas, tras la pausa de los meses recientes. Irradia alegría por la vuelta  a las canchas. 

A mediano plazo: jugar en Europa, por lo cual trabaja arduamente todos los días, entendiendo que tiene un largo camino por delante para materializar una meta todavía pendiente.

“No sé si por mi edad todavía sea posible, pero lucharé hasta que se presente una oportunidad. Cuento con el respaldo de mucha gente y mientras mi familia esté ahí, apoyándome, tendré una gran inspiración para salir adelante. Ellos son los que me motivan a siempre hacer todo de la mejor manera”, expresó.


En una interesante etapa de su vida, no se olvida de gente clave: los abuelos, ella cocinándole y él, llevándolo a entrenar; sus padres, por el amor al deporte y la vida; cada entrenador que ha tenido en este camino, por todo lo que ha aprendido; los miembros de la Agencia Secasports, por la contribución en su desarrollo integral; Víctor García, tiempo atrás gerente de Zamora F.C, a quien considera un amigo; y su esposa e hijo, quienes lo acompañan a cualquier lugar donde el balón lo ha llevado. 

El esfuerzo de Hernández merece un Óscar. Mucho ha luchado para conquistar cada meta alcanzada, desde aquellos días en los que madrugaba para ir a entrenar, hasta ser miembro de una escuadra que compite por cosas importantes fuera de Venezuela. Lo mejor de todo es que ahora es cuando quedan cosas por hacer.

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